Nuestra U



A LA VIDA TODO, A LA MUERTE NADA 



Un certero tirador, una bala penetra un casco, un hombre cae al suelo, 31 de agosto en Univalle. La maldita muerte de nuevo en el campus, no se trataba como en la gran mayoría de ocasiones de un estudiante, por primera vez en más de una década un policía caía victima en las confrontaciones que ya se tornaron cotidianas en la universidad. 

Como si una vida costara más que otra, el escandalo fue mayúsculo, el despliegue de los medios no se hizo esperar y las amenazas, intimidaciones y asedio a toda la comunidad universitaria se tornaron más presentes que nunca. Rechazamos el derramamiento de sangre porque somos quienes históricamente lo hemos padecido, sobre nosotros los estudiantes y el pueblo humilde en general ha recaído el costo de la decidía, del odio y del conflicto que anega nuestro suelo en sangre.

¿Cómo olvidar a Jhonny Silva, a Katherine Soto, a Julián  Hurtado a William Ortiz a Cesar García y la larga lista de Univallunos asesinados?, ¿Cómo escribir la lista de las decenas de miles de muertos que nos deja este conflicto? La degradación cada vez más profunda, la prolongación de esta guerra fratricida tan evidente hoy en nuestro campus, tal y como lo ha sido de manera ininterrumpida en nuestros campos. Es la triste historia de como la desigualdad, la exclusión política, la marginalidad y el Santanderismo se han traducido en violencia desmedida, en odios heredados, en campos desolados y en vidas arrancadas.

La historia del conflicto social, político, económico, cultural y armado en nuestro país, elemento transversal en la vida cotidiana de cualquier colombiano, producto de condiciones históricas inaguantables para el desarrollo de la vida de  sectores mayoritarios de nuestro pueblo. 
Conflicto que nos impone un peso histórico, pero también una realidad histórica, la realidad de este pueblo que ha sido mil veces golpeado pero jamás derrotado, siendo consecuente con esto,  nuestra generación ha venido enfrentando de forma propositiva y decidía las políticas educativas basadas en la profundización del modelo económico que  beneficia a pequeños sectores a costa del sufrimiento de la gran mayoría de colombianos. En las calles hemos sido demoledores pues la fuerza de nuestras razones se impone.

Haber reversado la propuesta de reforma a la ley 30 durante el Paro Nacional Universitario, resultado contundente de la lucha y la organización es algo que no agrada a quienes han detentado el poder y por eso no han escatimado esfuerzos en intentar deslegitimar nuestra lucha, en intentar dividirnos, en amenazarnos e intimidarnos. Sin principios y sin ningún asomo de humanidad, con amarillismo, sin respeto por quien en vida les sirvió, ahora intentan utilizar la muerte del agente de la policía como una forma de satanizar al movimiento estudiantil, ahora lo presentan como una carta en blanco para hacer casería indiscriminada de quienes nos pensamos un país mejor, pretenden como siempre obtener ganancias hasta de la lamentable muerte.

Esos gestos de desprecio por la vida, execrables desde cualquier punto de vista no puede seguir teniendo cabida en nuestro país, el dolor una madre, una viuda, un huérfano, un padre, es un costo muy alto que no podemos seguir pagando. La guerra que se ha llevado lo mejor de nosotros debe ser desterrada para no volver jamás. La paz ante nuestros ojos se torna imperiosa. 

Los estudiantes entendemos que la vida siempre debe estar por encima de la muerte y el conocimiento por encima de la ignorancia, en un país como Colombia donde la desigualdad se torna piedra fundamental de todos nuestros males, y por lo tanto la paz es una bandera central de la inmensa mayoría de colombianos, de quienes jamás nos hemos beneficiado con la guerra,  la lucha por la educación es ante todo la lucha por la paz.

Vamos todos y todas, optimistas siempre, con alegría y con propuestas a luchar por la educación que queremos para que contribuya también al país que queremos, un país en el que la muerte violenta de muchos estudiantes no valga menos que la muerte violenta de un policía, un país donde la primera que morirá será la guerra, un país con democracia, soberanía y paz.[1]



“Quieren cerrarte a tu pueblo
con llaves de oscuridad
quieren que construyas máquinas
para matar mariposas
y evitar que vuelen
llevando la luz

Tantas veces han cambiado
tu boína azul
por los absurdos cascos
de un orden feudal
La señora burguesa
quiere que vistas de noche
y que juegues canasta
de espaldas al pueblo
pero, mientras dentro de tu vientre
vayan dos muchachos
tomados de la mano
respirarás la libertad . . .

Alma Mater
quieren matarte
con flechas de oscuridad”
 

 



1] Dedicado a nuestro compañero Jhonny Silva quien por este tiempo debería ser un gran científico aportando desde los laboratorios  y los libros al desarrollo de nuestra patria.

 

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